La epilepsia fue un factor determinante en la suerte de Ian Curtis
Cuando somos jóvenes estamos convencidos de que nada nos puede afectar y en el proceso nos exponemos a circunstancias que distan bastante de ser las más seguras de manera que pagamos las consecuencias. En la mayoría de los casos esto último no deja mayores secuelas pero también tenemos ejemplos en los cuales los excesos han destruido incluso a familias completas. Esto es algo serio que sucede con frecuencia en los jóvenes que se convierten en estrellas de la música. Lamentablemente a veces parece que un desenlace fatal es el precio a pagar por la fama y es más que evidente que no es justo.

Ian Curtis fue un artista brillante, perteneció a la banda Joy Division y junto a sus compañeros se dedicó a sentar las bases de lo que más tarde se iba a convertir en un género musical plenamente consolidado. El Punk tuvo sus inicios en la decadencia y este hombre es un ejemplo fidedigno de eso, su historia es asombrosa.

Como ha sucedido con la mayoría Curtis se dejó seducir por los excesos de manera que no pasó mucho tiempo antes de que se comenzara a sentir vacío además de cuestionarse su existencia en un mundo, que según él, ya no tenía casi nada que ofrecerle. Todo esto lo llevó a quitarse la vida sin mediar palabras.

Más tarde se supo que sufría de epilepsia de forma que su cerebro no tenía un funcionamiento óptimo y sin lugar a dudas favoreció el hecho de que su depresión llegara tan lejos. Hasta la fecha no se ha conocido información nueva relacionada con los amigos con quienes contaba Ian en ese momento.

Merece la pena que las estrellas de la esfera musical sean evaluadas por profesionales en el área de la salud mental porque esto es algo que se ve bastante en la actualidad.
