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El Metal no es sólo gritos, es música para seres emotivos, intelectuales y complejos

El Metal no es sólo gritos, es música para seres emotivos, intelectuales y complejos

Cuando escuchamos la palabra metal para aquellos que amamos este género lo primero que se nos viene a la cabeza es buena música pero eso sólo le pasa a los verdaderos conocedores y no a aquellos que simplemente consideran este estilo de música como gritos. Es que ellos no entienden lo que el metal significa y toda la carga de emociones que tiene esta música, es por eso que es inútil a veces hacerle entender a esas personas de todo lo que se están perdiendo pero justamente nos gustaría que abrieran sus horizontes musicales y le den una oportunidad al metal.

El metal es un género apasionante, incluso cuando no se es fanático, llama la atención la devoción y pasión que sienten sus aficionados, sin mencionar su muy extensa e interesante historia. Es un género que divide a los seguidores; hay para quienes bandas como Motley Crue o Poison son de metal, cuando otros creen que son una abominación (para cualquier género es una abominación contar con esas bandas en su fila). También existe una amplia división de estilos que muchas veces provoca discusiones de los fanáticos. Hay que ser francos, es un género que puede llegar a ser irritante y hasta ridículo; por ejemplo, pensemos en el subgénero que tiene como objetivo provocar miedo y perturbación; claro que puede lograrlo con su sonido, pero cuando vemos a sus músicos pintados y con vestimentas exóticas, no asustan, dan risa.

Lo que no se puede negar, fanático o no, es que ha dado bandas importantes como Black Sabbath, creadora del género; la música “intelectual” de Iron Maiden con referencias históricas, filosóficas y literarias importantes y con una instrumentación virtuosa, y también gran parte de las bandas que salieron con el llamado thrash metal de los 80 como una respuesta necesaria al ridículo metal comercial de aquellas épocas.

El thrash regresó al metal hacia su idea original de crear música agresiva, rápida (este elemento lo agregaron Judas Priest y Motorhead a finales de la década de los 70), y con una gran prominencia de las guitarras. Sin embargo, lo ridículo regresó en forma de bandas que surgieron en géneros conocidos como “death” y “black”.

El death fue un género que comenzó gracias a dos bandas: Possessed y Death, ambas tomaron el agresivo sonido de Slayer para llevarlo a nuevos extremos. Possessed no hizo mucho, publicó dos álbumes, se separaron y están reunidos sin actividad de estudio desde 2007. Death no tuvo una larga existencia pero fue una banda muy prolífica liderada por un verdadero genio musical: Chuck Schuldiner.

Schuldiner nació en Nueva York en 1967 y fue el menor de tres hermanos. Al cumplir 9 años, su hermano mayor murió, por lo que sus padres decidieron regalarle una guitarra para aminorar su dolor y depresión; al inicio Chuck no mostró demasiado amor por la música, pero tras recibir una guitarra eléctrica supo que su profesión sería esa y pasaba tardes enteras perfeccionando su técnica. Sus influencias eran variadas: iban desde el metal de Iron Maiden, Metallica y Mercyful Fate, hasta la música clásica, pasando por el shoegaze de Lush. También tenía una influencia que sería definitiva en su música posterior: el metal progresivo y técnico de bandas como los suizos Coroner o Watchtower, la primer banda de metal extremo que tomó las influencias de la fusión y del progresivo para crear su música.

Chuck Schuldiner formó Mantas en 1983 tomando las influencias metaleras previamente mencionadas junto con el sonido crudo y directo de Slayer. Mantas se convirtió en Death en 1986, y en 1987 publicó su primer álbum “Scream Bloody Gore” con Chuck en guitarras y bajo y Chris Reifert en la batería, no era el gran sonido de Death pero sí era un death metal más pensado en términos musicales. Al siguiente año publicaron “Leprosy” en el que comenzaron a experimentar más con los cambios de tiempo y con estructuras musicales más complejas y ya con esta tendencia más seria, publicó el último de sus álbumes no tan buenos, el “Spiritual Healing” de 1990, en el que cooperan grandes músicos del género como el guitarrista James Murphy y el bajista Terry Butler. Death ya había mostrado parte de su gran capacidad musical, pero seguía siendo una banda de death metal, un género un tanto monótono y repetitivo y con letras absurdas. Lo mejor estaba por venir.

Death había tenido problemas para mantener un personal estable y eso fue factor para que las ambiciones de Schuldiner se juntaran con el talento instrumental del guitarrista Paul Masvidal, el bajista Steve DiGiorgio y el baterista Sean Reinert. La fusión de composición e instrumentación fue brillante, los arreglos complejos de Chuck fueron ejecutados a la perfección por los tres virtuosos músicos y por él mismo. Fue un disco brillante que con la canción `Lack of Comprehension´, tuvo un poco de éxito comercial.

El sonido era una mezcla de death metal con elementos de jazz y de rock progresivo, y las letras se alejaban de las películas de terror para centrarse en temas filosóficos e introspectivos.
Masvidal y Reinert dejaron la banda para formar otra gran agrupación de metal con influencias de jazz fusión, Cynic. Chuck contrató en su lugar a Andy LaRocque, veterano guitarrista de King Diamond y a uno de los grandes bateristas de metal de todos los tiempos: Gene Hoglan; grabaron “Individual Thought Patterns” en 1993. El álbum expandió aún más las influencias progresivas y jazzistas de su predecesor y contenía todo lo que Death hacía bien: arreglos complejos, instrumentación virtuosa y deslumbrante, letras filosóficas sobre percepciones y creencias, y solos de guitarra emotivos y perfectamente ejecutados. `The Philosopher´, que llegó a aparecer en MTV fue la canción emblemática del disco.

Los problemas de personal continuaron, DiGiorgio y LaRocque dejaron la banda y fueron reemplazados por dos jóvenes que también contaban con una técnica impecable: Bobby Koelble en la guitarra y Kelly Conlon en el bajo. Con esa alineación se publicó “Symbolic” en 1995, para muchos el mejor álbum de la banda y del género. Todas las canciones son magistrales pero el outro de Perennial Quest´, que cierra la obra, es impresionante. También destacan Crystal Mountain´ y `Zero Tolerance´. El disco contenía las mismas características que “Individual”, aunque un poco más pesado. El resto de músicos abandonó la banda pero Chuck seguía siendo Death y para 1998 había reclutado a otros jóvenes de una técnica envidiable.

En esta ocasión la alineación era Shannon Hamm en la guitarra, Scott Clendenin en el bajo y el extremadamente técnico Richard Christy en la batería. Con ellos como parte de la banda se publicó su despedida, “The Sound of Perseverance” en 1998. Fue la obra más progresiva de la banda, con canciones de larga duración, en promedio de seis minutos; fue un adiós inigualable, con todos los elementos originales de la agrupación pero con la experimentación de cambios de tiempo e incluía, por primera vez, vocales limpias de Chuck. Así se despidió Death. Un año después Chuck sacó un álbum con varios miembros de encarnaciones anteriores bajo el nombre de “Control Denied”, la música era progresiva y limpia.

Ese era Chuck Schuldiner, el hombre que evolucionó y  progresó, que buscó elevar los estándares de su trabajo y que lo logró. Chuck era Death, contaba con grandes músicos que ejecutaban a la perfección sus ideas, pero él era el estratega de la banda que orquestaba cada álbum y el sonido que buscaba.

Death es de las pocas bandas que mezcló el virtuosismo con la emoción; bajo su agresividad y complejidad se esconde el sonido accesible de una banda que a pesar de los constantes cambios de personal, tenía una identidad. La identidad de Chuck, el mejor compositor del metal y uno de sus mejores ejecutantes. Gracias a esta banda surgió el metal de bandas como Atheist, Cynic, Necrophagist, Spawn of Posession y Obscura que, lejos de ser ridículo, es emotivo y complejo. Es verdaderamente artístico. Todo eso se lo debemos a Chuck.