Discos que podrían causar los mismos efectos de las drogas duras

La relación entre la música y las drogas no es reciente ni partió con la psicodelia a fines de los 60. Los guitarristas de blues que viajaban alrededor de sus países cantando sobre problemáticas, tristezas y problemas raciales se veían relacionados con el consumo de opio o distintas sustancias. No era precisamente por ser músicos, sino por el dolor o estilos de vida que llevaban. Lo cierto es que eso se trasladó a la cultura popular a inicios de esa década y el momento que lo marcó fue el rumor de que Bob Dylan acercó a The Beatles al consumo de la marihuana.

Aunque sea considerada una droga, la planta no lo es per se, pero su popularización incrementó la curiosidad de la población y derivó en el boom de la psicodelia con adiciones como el LSD a esa lista de consumos para empatar con la música. Y puede haber cierta conexión en nuestra mente. Algunos toman drogas para escuchar música e incrementar el sentimiento de placer que los sonidos ya causan; expulsar dopamina extra a partir de las composiciones de otras personas, que a su vez, a veces han sido influenciados por dichas sustancias.

Pero no es necesario consumirlas para tener una prueba de cómo se sienten realmente. La producción musical se enfoca a distintos sentimientos y los sonidos despiertan distintas áreas específicas de nuestro cerebro. El placer o efecto que causan nos acercan hacia la idea del artista y un poco más a lo que sentiríamos en caso de tomar algunas de las siguientes drogas pesadas. Así que no queda más que tomar los audífonos, recargarse y dejarse llevar.

LSD – “De-loused in the Comatorium” – The Mars Volta

Caveat emptor a todos aquellos que entren aquí”, dice una de las líneas de esta magnífica obra de The Mars Volta advirtiéndonos del peligro. Su álbum debut producido por Rick Rubin es tan inesperado, súbito, alto, bajo, tenebroso, brillante y confuso que bien podría causarnos el efecto del LSD. Todo comienza lento y eventualmente explota en una exploración musical que recorre cada rincón del cuerpo, lo sentimos en nuestra espina dorsal con cortes breves callados que a los pocos segundos regresan a la locura total.

 

Éxtasis – “Discovery” – Daft Punk

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Así como “Discovery” comienza con “One More Time”, el viaje de éxtasis parece tenerlo todo condensado en los primeros momentos, pero al momento de llegar “Aerodynamic” notamos que todo puede convertirse en algo más raro de lo que pensamos inicialmente. Distintos sentimientos ahogan nuestro cuerpo y en instantes parecemos estar fuera de él. El ritmo no se detiene sino hasta el final, los últimos tracks que marcan que es la hora de volver a la realidad.

Metanfetamina – “Further” – The Chemical Brothers

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Similar al anterior, pero no de forma tan brillante, sino compleja. La mente en metanfetamina no se ve impulsada ni engañada, sino que toma formas que incluso se ven ajenas a nosotros. Los sonidos de The Chemical Brothers parecen taladrar dentro de nuestra mente con sonidos armoniosos pero atormentadores; una especie de placer preocupante, que eventualmente se ve resuelto en un manto más cálido al escapar del momento estático.

Hongos alucinógenos – “Lonerism” – Tame Impala

Más cercano a la naturalidad de la marihuana y alejado de lo sintético, los hongos alucinógenos son ideales para compararlos con el “Lonerism” de Tame Impala –su mejor trabajo a la fecha–. No nos arrebata de nuestro elemento ni contexto, sino que en básica psicodelia e hipnotismo nos lleva de la mano por una versión alterna del universo. Colorido, cambiante, ruidoso y pervertido, es inevitable sonreír un poco al dejarnos llevar por las canciones de Kevin Parker y compañía. Desde “Be Above It” hasta “Elephant” nos disponemos a seguirlos sin dejar de disfrutar de la experiencia.

PCP – “W H O K I L L” – tUnE-yArDs

Lo que al principio parece un juego, puede tomar distintos niveles con el PCP, considerado uno de los estimulantes más fuertes –que a veces “desconecta” del mundo a quienes lo consumen durante cierto periodo–. El paralelismo con este álbum de los tUnE-yArDs no es tan ajeno; el uso repetitivo de sampleos con un salvajismo en ritmo y voces nos hace perdernos dentro de su mundo a los pocos tracks y todo parece degenerarse a cada paso con beats más rápidos y mezclas de grandes capas que nos encierran por un momento hasta que todo regresa a la calma con ukuleles y saxofones de alivio.

Heroína – “Portishead” – Portishead

La droga más adictiva y el mejor álbum de Portishead van de la mano. Sintetizada a partir del opio crea un placer paralizante que deja en estado perplejo durante una gran cantidad de tiempo. Todo parece tranquilo pero ruidoso y aunque nada tome sentido, a la vez todo lo hace. La voz de Beth Gibbons pasa por nuestros oídos y nos deja catárticos, inmunes hacia los sampleos, ritmos y perversiones del resto del grupo en su obra de deseos, pasiones, mentiras y engaños; todas características de la droga.

Cocaína – “Sound and Color” – Alabama Shakes

Mezcla entre sonido y color, cocaína y alcohol. Los riffs, la voz, la cruda batería nos parece dar un smoking como si estuviéramos en una fiesta de los sesenta, listos para dominar el mundo. La seguridad, atrevimiento y el coqueteo del sonido blues de los Alabama Shakes nos polvea la nariz y deja caer un poco en nuestra bebida mientras bailamos al ritmo sensual pero clásico de sus canciones.

Aquellos que se toman el tiempo de dedicarle toda su atención a la música sabrán sobre ese momento de situar los audífonos sobre nuestro cráneo y prepararnos para una experiencia. Por esa razón cada persona desarrolla distintos gustos, para adentrarse en mundos diferentes.
Escuchar estos discos hará que los sonidos recorran nuestro cuerpo y despierten sensaciones parecidas a las drogas mencionadas, pero para aquellos que buscan la experiencia al doble, hay otros que si los escuchamos bajo el efecto de ellas, podrán ser mucho mejores.

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